Barcelona, una ciudad donde hierve la vida

En Barcelona no sólo viven personas rodeadas de edificios. La vida bulle, repleta de animales y plantas. Además de los 1’5 millones de personas que viven el día a día, las hay que tienen una presencia más reducida, bien ocasional, bien periódica. Todas ellas, sin embargo, no están solas, sino que tienen miles de vecinos que no son de su especie y que comparten diariamente el mismo espacio: gorriones, vencejos, golondrinas, mochuelos, gaviotas, ranas, salamanquesas, hormigas, grillos…todos vecinos de los barceloneses!

El ecosistema urbano, como cualquier ecosistema (el forestal, el marino, el agrícola, etc.), está compuesto por una serie de animales y plantas que conviven en un mismo espacio físico, que en este caso son las calles, plazas, azoteas, tejados, parques y los edificios. Estas especies se comen unas a las otras, compiten entre ellas, se parasitan… Nada nuevo, sino muy parecido a lo que sucede en cualquier ecosistema del mundo desde la gélida tundra ártica hasta los desiertos más secos y cálidos.

Es en este ecosistema urbano donde las personas pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Aquí nos acompañan las hormigas que aprovechan los retos de comida de la cocina, las golondrinas que hacen su nido en las fachadas de nuestros edificios, las lombrices que excavan sus galerías en los jardines, los grillos que nos dan la serenata con su cantinela, los renacuajos que nadan en los estanques de los parques a la espera de convertirse en ranas, los perros, fieles a nuestro lado, el canario que nos hace compañía con su virtuoso canto, los gatos que se resisten a perder su instinto cazador y los palomos que, presumidos, arrullan desde lo alto de las cornisas.

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