Barcelona, como cualquier ciudad, para funcionar necesita una cantidad ingente de materiales externos y de origen geográfico muy diverso: alimentos (ternera de Argentina, manzanas de Holanda, café de Colombia, kiwis de Nueva Zelanda, etc.), agua (del Ter y del Llobregat), materiales de construcción (de las pedreras del Garraf, de las ladrillerías del Baix Llobregat, etc.), materias primas para la industria (aluminio del Canadá, caucho de Tailandia, mineral de hierro de Ucrania, etc.) y combustibles (gas natural de Argelia, petróleo de Venezuela, etc.). La ciudad requiere para su funcionamiento esta entrada de materiales día tras día, año tras año sin pausa. Todos estos materiales son utilizados de forma directa o indirecta por el ser humano para alimentarse, para poderse desplazar, para hacer funcionar la maquinaria, para transformar materiales o para construir edificios.
En el camino y al final de la utilización de esta retahíla de materiales se generan todo tipo de residuos: sólidos, líquidos y gaseosos.
Los diferentes tipus de residuos sólidos municipales son gestionados en algunas de las diversas plantas de valoración (plantas de selección, de compostaje, de metanización, de valoración energética, etc.), cuyo desecho resultante se vierte en depósitos controlados. Por otra parte, la mayoría de los residuos líquidos (aguas residuales urbanas o industriales, residuos especiales líquidos, etc.) es tratada en estaciones depuradoras de aguas residuales urbanas o en las depuradoras propias de la industria. Los residuos gaseosos (básicamente de combustiones de motores de vehículos, de calderas industriales y cocinas y calefactores domésticos) son liberados a la atmósfera y se dispersan gracias al viento.