La gran ciudad no es habitada exclusivamente por la especie humana. Hay otros "vecinos" además de las personas que viven cerca de nosotros. Hay muchos animales que conviven con nosotros diariamente y que pasan más o menos desapercibidos.
Lógicamente, las "islas verdes" -arbolado viario y los parques y jardines- son la base para el establecimiento de una determinada fauna que se alimenta de los invertebrados que encuentran o bien de su materia vegetal (hojas, frutos, semillas, savia, etc).
Sin embargo, son los restos de comida y los desperdicios de dentro y fuera de las casas -en las calles, plazas, techumbres, playas y cloacas- los que permiten que las especies comensales (hormigas, palomas, gaviotas, ratas, gatos, etc) se aprovechen de ello y tengan comida en abundancia en un territorio aparentemente inhóspito. Grácias a este excedente de comida y al hecho de no tener otras limitaciones naturales (como la presencia de predadores, la competencia entre especies, etc) que encontrarían fuera de la ciudad, algunas de estas especies (ratas, palomas, etc) pueden proliferar y, hasta convertirse en plagas. Además, es necesario mencionar que algunos animales como el jabalí o el zorro, que no viven dentro de la ciudad, se acerquen para aprovecharse de este excedente alimenticio.
Los restos de comida y las basuras permiten que las especies comensales como las
palomas (izquierda) y las ratas (derecha) se aprovechen y tengan comida en abundancia.
La existencia de estas especies comensales favorecen la presencia de algunas especies depredadoras dentro de la ciudad. Entre las que cabe destacar los mochuelos (Athene
noctua), las lechuzas (Strix aluco), los cernícalos (Falco
tinnunculus) y los halcones peregrinos (Falco
peregrinus).
La verticalidad de la ciudad posibilita el establecimiento de especies rupícolas. Entre estas mencionar a la salamanquesa (Tarentola
mauritanica), los murciélagos, los vencejos (Apus apus) y los vencejos reales (Apus
melba) que aprovechan las paredes y las grietas para vivir o construir su nido.