Barcelona, como ciudad mediterránea que es tiene urbanizada la mayor parte de su núcleo urbano. No obstante, aquí y allá hay manchas de vegetación cuya función es hacer la ciudad más bella y habitable, fijar dióxido de carbono, producir oxígeno y proporcionar sombra en épocas calurosas. Esta escasez de suelo libre hace que las especies vegetales vean comprometido su crecimiento y se tengan que adaptar a condiciones extremas derivadas de la dureza del substrato y de la falta de agua al alcance de sus raíces.
Las condiciones extremas derivadas de la dureza del
substrato y la falta de agua limita el normal desarrollo
de la mayor parte de las plantas. Eso hace que muchas
especies nada más puedan crecer en aquellos lugares
con un grado suficiente de humedad.
Otro obstáculo para la colonización vegetal de la ciudad es la verticalidad de los edificios y, claro, la práctica ausencia de suelo en éstos donde pueda enraizar la vegetación. Consiguiente y lógicamente, el recubrimiento vegetal es muy escaso. Solo algunas especies de hierbas, musgos, i, sobre todo, líquenes pueden sobrevivir en estas condiciones extremes.
Liquen del género Xanthoria incrustado en un tejado