Una ciudad donde el gris y la verticalidad se imponen
El 70% del territorio de Barcelona está urbanizado (calles, edificios, plazas "duras", etc) y solo un 20% es espacio no urbanizado. El terreno urbanizado domina ampliamente sobre el medio forestal, los parques y jardines, los yermos y los cultivos. El continuo urbano se extiende a levante (Sant Adriá de Besós, Santa Coloma de Gramenet y Badalona) y a poniente (Hospitalet del Llobregat, Cornellá del Llobregat, Esplugues de Llobregat, Sant Just Desvern, Sant Feliu de Llobregat y Sant Joan Despí) más allá del límite municipal. En el lado norte, los matorrales y bosques de la sierra de Collserola y de las colinas del Putxet, del Paque Güell, del Carmelo, de la Rovira, de la Peira además de los grandes parques urbanos, proporcionan la "cuota" de verde a la ciudad. En el lado sur, el mar otorga el azul que recuerda que la ciudad tiene el crecimiento limitado en esa dirección.
Edificios altos en la calle de Tarragona
Uno de los rasgos característicos de una ciudad como Barcelona es su vigorosa estructura vertical. Los edificios con sus paredes, techos, azoteas, balcones y ventanas reproducen condiciones similares a la de los hábitats rocosos del medio natural.
Otra característica significativa es la abundancia de elementos creados por el ser humano con la ayuda de la tecnología: casas, bloques de pisos, antenas, puertos, iglesias, puentes, monumentos, calles asfaltadas, plazas blandas, plazas duras, estadios de fútbol, faroles, bancos, papeleras, etc. Toda esta conjunción de elementos artificiales dan forma a la ciudad y la singularizan de las otras.